Histórico pronunciamiento de la Asociación Mundial de Psiquiatría (World Psychiatric Association), organización paraguas que agrupa a 138 sociedades de Psiquiatría de 118 países y que representa a más de 200.000 psiquiatras. En definitiva, la organización psiquiátrica más importante del mundo. El texto no solo insiste en la despatologización de la homosexualidad, algo que no supone una novedad, sino que se posiciona en contra de las “terapias” reparadoras, que considera no solo ineficaces, sino también dañinas, y a favor de la igualdad de derechos de las personas LGTB.

Puedes descargar aquí (en inglés) el documento de la Asociación Mundial de Psiquiatría, que comienza afirmando que “recientes controversias en numerosos países sugieren la necesidad” de aclarar algunos puntos sobre lo que clásicamente se denomina homosexualidad, término que la Asociación Mundial de Psiquiatría, en un indisimulado afán despatologizador, prefiere llamar, en inglés, “same-sex orientation, attraction, and behaviour” (expresión imposible de volcar literalmente al castellano, que quizá podríamos traducir por “orientación y atracción hacia personas del mismo sexo y la conducta derivada de estas”).

Es por eso que, tras hacer un repaso de como la Psiquiatría, a lo largo de las últimas décadas y en base a la evidencia científica ha dejado de considerar la orientación homosexual una patología, esta organización define su posición en una serie de 6 puntos que reproducimos a continuación (se trata de una traducción propia, en la que por no complicar artificialmente la redacción hemos mantenido el término “homosexual” en varios momentos en los que el original inglés utiliza “same-sex”):

La Asociaión Mundial de Psiquiatría mantiene la postura de que las personas lesbianas, gais, bisexuales y tránsgenero son, y así deben ser consideradas, miembros valiosos de la sociedad, con exactamente los mismos derechos y obligaciones que el resto de los ciudadanos. Esto incluye el acceso igualitario a la asistencia sanitaria y a todos los derechos y obligaciones propios de una sociedad civilizada.

La Asociación Mundial de Psiquiatría reconoce la universalidad de la expresión homosexual en las diferentes culturas. Mantiene la postura de que la orientación homosexual en sí misma no implica disfunción psicológica objetiva o deterioro del juicio, la estabilidad o la capacidad profesional.

La Asociación Mundial de Psiquiatría considera que la orientación y atracción hacia personas del mismo sexo y la conducta derivada de estas son variantes normales de la sexualidad humana. Reconoce asimismo que son múltiples los factores que determinan la sexualidad, la orientación, la conducta y el estilo de vida. Reconoce la falta de eficacia científica de los tratamientos que intentar modificar la orientación sexual y subraya el daño y los efectos adversos de tales “terapias” (entrecomillado en el original).

La Asociación Mundial de Psiquiatría reconoce el estigma social y la consecuente discriminación de las personas con orientación homosexual y tránsgenero. Reconoce asimismo que las dificultades a las que se enfrentan son una causa significativa de malestar y hace un llamamiento a proporcionarles un adecuado soporte de salud mental.

La Asociación Mundial de Psiquiatría apoya la necesidad de despenalizar la orientación y la conducta homosexuales, así como la transexualidad, y de incluir los derechos LGTB entre los derechos humanos, civiles y políticos. También apoya la legislación contra el acoso; las leyes contra la discriminación en la educación, el empleo y el acceso a la vivienda; la igualdad en inmigración; la equiparación de las edades de consentimiento y las leyes que endurecen las penas por delitos de odio motivados por el prejuicio hacia las personas LGTB.

La Asociación Mundial de Psiquiatría subraya la necesidad de investigar y desarrollar intervenciones médicas y sociales basadas en la evidencia científica con objeto de dar apoyo a la salud mental de las personas lesbianas, gais, bisexuales y tránsgenero.

“No” rotundo a las “terapias” reparadoras

El pronunciamiento de la Asociación Mundial de Psiquiatría (presidida en estos momentos por un psiquiatra abiertamente gay, Dinesh Bhugra) es sin duda un motivo por el que felicitarse. Muy especialmente, y de hecho ese es el aspecto que destacan la mayoría de los medios que se han hecho eco de la noticia, por lo que se refiere a su posicionamiento frontal en contra de las terribles “terapias” reparadoras, intervenciones que no solo se han mostrado ineficaces para cambiar la orientación sexual de una persona, sino que resultan muy peligrosas (los riesgos incluyen depresión, ansiedad y comportamiento autodestructivo). Prácticas contra las que ya antes se han pronunciado numerosas organizaciones profesionales y cuya aplicación en menores de edad ya han comenzado a prohibir varios estados norteamericanos (también Malta, en Europa, ha comenzado a discutir una ley en ese sentido).

Respecto al reto que suponen aquellas personas adultas que movidas por su fe religiosa conservadora acuden por voluntad propia a las consultas para cambiar su orientación sexual, ya desde hace años la Asociación Americana de Psicología recomienda ser “honestos” con ellos respecto a su eficacia, considerando que el objetivo en estos casos debe ser favorecer, sin imposiciones, la aceptación de la propia realidad. Posibles estrategias que sugería Judith Glasshold, la presidenta del comité que en 2009 revisó la evidencia disponible hasta la fecha, eran insistir en determinados aspectos de la fe religiosa, como la esperanza y el perdón, frente a la condena de la homosexualidad, sugerir el acercamiento a confesiones religiosas que sí aceptan la realidad LGTB o, los casos más recalcitrantes, valorar la adopción del celibato como estilo de vida sin pretender cambiar la orientación.

Fuente Dos Manzanas: http://goo.gl/2He9vA

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